martes, 19 de noviembre de 2013

De las ofrendas y su "promesa" de bendición



“Estas palabras habló Jesús en el lugar de las ofrendas, enseñando en el templo; y nadie le prendió, porque aun no había llegado su hora”
(Juan 8:20)


Juan Tetzel
Una de las razones fundamentales que condujo a la reforma protestante en el Siglo XVI fue el sistema de indulgencias. Las indulgencias eran documentos comerciales firmados por el papa que, según la Iglesia católica, abolían el castigo en el purgatorio y entregaban franca entrada al Reino de los cielos tanto de parientes muertos como del comprador mismo. Con el fin de reconstruir la iglesia de San Pedro en Roma, el papa mandó a muchos especialistas en ventas de indulgencias, para costear un vanidoso templo. Entre ellos estaba Juan Tetzel, exconvicto por adulterio pero excelente en la venta de estos documentos de perdón. Para esta engañosa práctica utilizaban un cofre común que contenía unas palabras que decían: “Tan pronto como su dinero suena en el fondo de la caja, el alma atormentada en el purgatorio, vuela” . En otras palabras, la iglesia católica prometía la salvación por medio de una moneda introducida en el cofre de las indulgencias.

Para nosotros, los herederos de la reforma protestante, este evento es repulsivo en todas sus dimensiones. Sin embargo, un análisis exhaustivo me hizo reflexionar que un evento similar ocurre en nuestras iglesias. Constantemente escuchamos frases como: “Venga a la mesita a buscar su bendición”, “Si el Señor le pide es para bendecirlo”, “Hoy hay una bendición especial para usted”, “No pierda su bendición, venga a colaborar con el Señor”, “Reclame su bendición”, “Ábrale la mano al Señor, y el Señor abrirá la suya”, etc. ¿Qué tan legitimas son estas enseñanzas? ¿Realmente están basadas en las Escrituras estas proclamaciones de bendición? ¿Acaso no podemos pensar que no es más que un incentivo divino que permite a la hermandad dar más dinero? Evaluaremos estos puntos a la luz de las Escrituras.


Sobre la ofrenda y la bendición en las Escrituras: ¿Son las ofrendas una vía o canal para las bendiciones de Dios?

La palabra ofrenda es mencionada más de 290 veces en las Escrituras, las cuales tienen cerca de 15 significados. Al mencionar versículos relacionados con la ofrenda con el fin de enseñar a la iglesia se debe ser muy cuidadoso con su examen y origen, de otro modo sus conclusiones, por muy inspiradas que parezcan, estarán sujetas a cuestionamiento. Las ofrendas en el Nuevo Testamento son distintas a las del Antiguo. Una concepción correcta de las ofrendas en la iglesia del Nuevo Pacto demanda ciertos requisitos de ella. El apóstol Pablo cuando se refirió a las ofrendas dijo: “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, NI POR NECESIDAD, porque Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:7). El hermano que ofrenda algún dinero no puede tener entre sus pensamientos la compensación de lo que dio. El Señor Jesús sostiene todo lo contrario: “…de gracia recibisteis, dad de gracia” (Mateo 10:8). De esta misma forma, toda ofrenda es sumamente voluntaria, contraria a compromisos, deudas u obligación. Para apoyar esto el apóstol Pablo sostenía: “…para que esté lista como de generosidad, y no como de exigencia nuestra” (2 Corintios 9:5).

Toda ofrenda debe tener un objetivo claro y específico. El concepto de “para la obra del Señor” es muy amplio, y no tiene especificaciones claras. Cada una de las ofrendas, ya sea en el Antiguo como Nuevo Testamento tenían objetivos claramente detallados. Un objetivo claro mantiene la transparencia, al igual que una revelación pública sobre la recaudación y los gastos. En el contexto de la ofrenda el apóstol Pablo asumió: “procurando hacer las cosas honradamente, no solo delante del Señor sino también delante de los hombres” (2 Corintios 8:21). La consulta es, ¿Qué tan válida es aquella enseñanza que las ofrendas son una vía de bendición? ¿Puede una ofrenda otorgarme una bendición a cambio? ¿Está realmente mi bendición en la mesita?

La palabra bendición es mencionada más de 70 veces en las Escrituras. Resultaría ilógico pensar que todas ellas se refieren a incrementos económicos. Un estudio objetivo e imparcial acerca de las bendiciones lleva a la conclusión más correcta: toda bendición dada por Dios jamás exige un requisito mayor que la fe. Toda bendición es dada de gracia y misericordia. Confiar en que nuestros atributos o acciones activan su benevolencia, en una especie de errada relación causa-efecto, que niega la misericordia del Señor.

¿Podemos entonces calificar de válidamente bíblicas aquellas frases como: “Reclama tu bendición”, “Toma tu bendición”, “Ven a buscar tu bendición”? Por supuesto que no. Ninguna bendición viene de la decisión o iniciativa humana, sino de la gracia y voluntad de Dios. Y ojo, Dios no negocia con ofrendas.


Sobre la invalidez de nuestras prácticas y enseñanzas relacionadas con la ofrenda

¿Realmente las ofrendas compran el favor de Dios?
Si desde los altares se garantiza que mediante el donativo de la ofrenda usted será bendecido, ¿No se está estimulando el interés económico en la congregación? ¿Qué sucedería si doy una ofrenda esperando que en los próximos días se cancele una deuda, o se abran las puertas de trabajo, o den de alta a un pariente muy enfermo? ¿Acaso eso no es dar una ofrenda por necesidad? ¿Con que moral entonces exponemos para pedir ofrendas “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, NI POR NECESIDAD” si al mismo tiempo ofrecemos bendición por medio de un simple billete? Garantizar bendiciones por medio de la ofrenda SI es incentivar el interés en la hermandad, contraria a la ofrenda desinteresada que el apóstol Pablo encomendaba.

Es común escuchar, al momento que se pide la ofrenda, que nosotros estamos en deuda con el Señor. Bueno, es cierto. Jesucristo pagó el pecado que cada uno debía. Pero, ¿Por qué se menciona a la hora de pedir ofrendas? Mencionamos esto como un método para que el miembro se sienta en deuda financiera con el Señor. Sin embargo, ¿Al hacer esto no estamos negando otro de los principios de la ofrenda el cual es la voluntariedad? La ofrenda es, por naturaleza, voluntaria. Ninguna enseñanza puede convertirla en una deuda.

Nuestra más frecuente defensa a las críticas de nuestras ofrendas es que “nadie nos obliga a dar”. Sin embargo, existe una clara presión ejercida por nuestras tradiciones humanas: “¿Qué sucede si no doy?”. Las doctrinas humanas nos mencionan que es “el diablo quien roba nuestra bendición”, por lo tanto, así como neciamente afirmamos que al ofrendar somos receptores de la bendición de Dios, afirmamos que el no dar equivale a una pérdida de esas bendiciones.

¿Cuántas veces violamos la identidad de Cristo al hacerlo parecer como un insaciable recaudador de ofrendas? ¿Cuántas veces usted ha escuchado: “Venga a colaborar con el Señor”, “El Señor hoy día le está pidiendo”? Negaríamos entonces que el Señor dijo a través del salmista: “Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti; porque mío es el mundo y su plenitud” (Salmo 50:12).

¿Por qué ciertos hermanos cuentan testimonios a la hora de pedir ofrendas? Las distintas experiencias que Dios entrega son para fortalecer la fe. Jamás deben ser utilizadas para sensibilizar o entusiasmar a la hermandad con el fin que ofrende: “…toman la verdad como fuente de ganancia…” (1 Timoteo 6:5).

Pero por sobre toda incompatibilidad presentada hasta ahora, esta la siguiente problemática: el Señor Jesús dijo: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). Incluso afirmó: “…porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis” (Mateo 6:8). La pregunta clave es, ¿Por qué debemos pagar una suma de dinero para que nos bendiga, si el ya ha prometido darnos las cosas que necesitemos si buscamos el Reino de Dios? No es el dinero el medio por el cual Dios concede sus maravillosas bendiciones, sino que la fe. El Señor Jesús dijo: “…como creíste, te sea hecho…” (Mateo 8:13). Pero ¿acaso mencionó que la fe debe ejercerse con un billete en las manos?

De la misma forma como el estafador Juan Tetzel decía que al introducir una moneda al cofre de las indulgencias el alma saldrá del purgatorio, asimismo nosotros garantizamos que al traer nuestra colaboración a la mesita, Dios nos bendecirá.

Dios tenga misericordia.

1 comentario:

  1. Buenas noches hermanos he tenido el placer de leer el comentario acerca de las ofrendas y su promesa de bendición, de verdad que tengo que felicitarlos por este articulo también elaborado y sustentado según las escrituras,, me uno a las reflexiones, yo he escrito un libro titulado ¿CRISTIANISMO O FANATISMO? E compartido algunos de sus apartes con los siervos de la iglesia y he encontrado mucho rechazo a la forma de expresarme y a los comentarios acerca de las ofrendas y los diezmos, los cuales se hacen por imposición y no por fe, esto es ridículo y denigrante para el cristiano y los creyentes que están en formación, la venta de indulgencias no difiere mucho de la venta de bendiciones que actualmente utiliza la iglesia cristiana por parte de algunos avivados, ladrones infiltrados, que poco o nada conocen de la misericordia de Dios, pero se manifiestan como maestros y enviados para trasmitir y divulgar la palabra.
    v.c

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