lunes, 11 de noviembre de 2013

La ofrenda de la viuda

        Un evento particular protagonizó nuestro Señor Jesucristo en sus tres años de ministerio. Luego de reprender con autoridad cada uno de los pobres e ignorantes argumentos de los fariseos, saduceos y escribas, su mirada, llena de verdad y justicia, se dirige hacia el arca de las ofrendas del templo, donde una viuda echaba todo su sustento. Jesús dice a todos que esta contribuyó más que los demás, pues todos los ricos, que se jactaban de sus grandes aportes, daban de lo que les sobraba, pero aquella pobre mujer entregaba todos sus ingresos. ¿Cuál es la enseñanza de este pasaje? ¿Qué es lo que Dios desea comunicarnos a través de este relato? La interrogante surge por las innumerables citas que se hacen a este pasaje en el momento de pedir ofrenda en la mayoría de nuestras iglesias. Se nos ha enseñado que debemos ofrendar como esta viuda: dar todo nuestro sustento. Si hacemos de tal forma, según enseñamos, recibiremos bendición de parte de Dios, Él compensará nuestro donativo al “ciento por uno”, colmará nuestro hogar de bendiciones, independientemente si aquel dinero es indispensable para la familia, los padres, o el cuidado de un pariente enfermo. Sin embargo, si interpretamos este pasaje a la luz de las Escrituras el sentido al que nos lleva es otro. Si tan sólo leemos el contexto literario e histórico nos daremos cuenta que las Escrituras nos presentan algo tremendamente contradictorio con nuestras enseñanzas. Antes que aceptar algo de un modo irreflexivo, o confirmar con un ¡Amén! algo que pudiese estar en el error, nuestro deber está con la Palabra de Dios. Antes de faltar a la verdad, es necesario corroborar, a la luz de la única fuente fidedigna, suficiente y verdadera, las Escrituras, si tal interpretación es correcta. Antes de comenzar el estudio mis palabras no pueden ser distintas a las del apóstol Pablo: “Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo” (2 Timoteo 2:7).


Una interpretación fiel a las Escrituras.



“… ¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios?”
(Marcos 12:24).



        El apóstol Pedro mencionó en su segunda epístola: “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:19-21). Las Escrituras son proféticas, pues nos anuncian a Cristo el Señor, y son suficientes, es decir, que fuera de ellas no existe fuente alguna para el entendimiento de Dios. Por tanto, si interpretamos las Escrituras no debemos hacerlo a la luz de nuestras concepciones particulares y privadas, pues la Palabra de Dios no vino de voluntad humana. El Espíritu Santo ha inspirado toda la Escritura: “Toda la Escritura es inspirada por Dios…” (2 Timoteo 3:16), y por ende, no podemos interpretar esta en virtud de determinados pasajes, sino en toda su plenitud. No podemos entender el mensaje de la Biblia si no leemos cada uno de sus pasajes. De igual forma, no podemos comprender los pasajes de la Biblia si no entendemos esta en su totalidad. Una interpretación fiel a las Escrituras es aquella que no se contradice con la Palabra de Dios, ni intenta agregar más cosas a la doctrina, sino que es obediente a lo que Dios dispone en ella. Toda interpretación, revelación, visión, sueño, anécdota, testimonio, o cualquier otra manifestación que presente conflictos con la Palabra Santa de Dios, debe ser considerada como contraria a la verdad, y por tanto, no puede provenir de Dios. El Espíritu Santo jamás revelará algo que riña con lo que ya ha inspirado en la Palabra: “…El no puede negarse a sí mismo…” (2 Timoteo 2:13). Por tanto, si deseamos indagar en la Palabra de Dios, crecer en nuestro entendimiento de Dios, y comprender su voluntad, es indispensable que nos despojemos de todo aquello que nos tiende al error: nuestros pensamientos humanos. Debemos negarnos a nosotros mismos, aboliendo toda concepción humana, tradición particular o costumbre privada. Nuestro servicio a Dios, como dice el apóstol Pablo en Romanos 12:1, debe ser un culto racional: “derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:5). Debemos despojarnos de todo aquello que nos condiciona y esclaviza, con el fin de procurar someternos a los propósitos de Dios. No podremos jamás comprender la Escritura en base a nuestros sentimientos, costumbres o tradiciones. Al buscar a Dios, a través de su Palabra Santa, debemos abandonar todo yugo que nos ata al tradicionalismo, y comenzar a indagar en la verdad: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová” (Isaías 55:8).


Interpretando el pasaje de la ofrenda de la viuda

     Podemos encontrar este evento en sólo dos de los cuatro evangelios: Marcos y Lucas. Los otros evangelistas no hacen mención de este. Nos encontramos en la semana final de Jesús en Jerusalén. Jesucristo ya había cumplido con la gran mayoría de su ministerio, y pronto se aproximaba su crucifixión. Pasando las puertas del templo de Jerusalén, construido por Herodes, nos encontramos con el atrio de las mujeres, sector que antecedía al patio principal que llevaba al Santuario. En este atrio, el arca de las ofrendas no era del todo imperceptible. Las características del depósito de las ofrendas eran de apariencia tal como tubos huecos. Cualquier donativo, aunque fuese una sola moneda, generaría un estruendo nada imperceptible. Por tanto, si el tubo generaba un bullicio como de truenos, y por un tiempo prolongado, de inmediato inferíamos que se trataba de una ofrenda cuantiosa.

El pasaje que relata Marcos es el siguiente:

“Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho. Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante. Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento”.

(Marcos 12:41-44).

Este pasaje halla su paralelo en el evangelio de Lucas, que vemos que es similar, por no decir, exacto:

“Levantando los ojos, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de las ofrendas. Vio también a una viuda muy pobre, que echaba allí dos blancas. Y dijo: En verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos. Porque todos aquéllos echaron para las ofrendas de Dios de lo que les sobra; mas ésta, de su pobreza echó todo el sustento que tenía”

(Lucas 21:1-4).


Contexto literario

       Antes de sacar conclusiones apresuradas es de suma importancia realizar un examen completo y objetivo. No podemos entender este pasaje sin revisar la situación específica que estaba viviendo nuestro Salvador. Ignorar el contexto nos aproxima a conclusiones erradas. Primero, debemos analizar el conjunto de eventos que se habían desarrollado hasta ese momento. Si nos situamos en el capítulo 11 de Marcos, podemos ver que Jesús regresaba a Jerusalén y andaba por el templo (v. 27). Su visita no fue en vano. Predicó sobre su autoridad (Marcos 11:27-33) y una parábola sobre los labradores malvados (Marcos 12:1-12). Aprovechando que predicaba públicamente, Jesús fue sometido a consultas. Dos de ellas no tenían mayor intención que avergonzarle en público. Esto se evidencia en la misión que tenían los fariseos: “Y le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos, para que le sorprendiesen en alguna palabra” (Marcos 12:13). Revisemos entonces lo que ocurre dentro del templo antes del pasaje de la ofrenda de la viuda.

       La primera interrogante se basa en la “cuestión del tributo”. Los fariseos, en conjunto con los herodianos (partido político que promocionaba a Herodes), querían sorprender a Cristo con alguna de sus preguntas. Estos se acercaron y consultaron: “…Maestro, sabemos que eres hombre veraz, y que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de los hombres, sino que con verdad enseñas en camino de Dios. ¿Es lícito dar tributo a Cesar, o no? ¿Daremos, o no daremos?” (Mateo 12:14). Esta pregunta no parece maliciosa, pero su respuesta concadenaría consecuencias terribles. En primer lugar, si Jesús respondiera que SI, todo el pueblo se iría en su contra, pues estaría a favor de pagar el elevado impuesto que dictaba el pueblo opresor: Roma. En segundo lugar, si Jesús respondía que NO, los que consultaban lo acusarían con el gobierno romano, y por lo visto, aún no había llegado su hora. Sin embargo, Jesucristo, como el Hijo de Dios no titubeo, ni siquiera reflexionó su respuesta. No actuaba de la misma manera que los fariseos: “Entonces ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? ¿Y si decimos de los hombres…? Pero temían al pueblo…” (Marcos 11:31-32). Antes el Señor, como Señor Omnisciente, ya conocía su intención: “Más él percibiendo la hipocresía de ellos…” (Marcos 12:15). Antes de la consulta, que con seguridad tenía un doble propósito, los fariseos y herodianos adulaban en sobremanera a Jesús. Su hipocresía encausó su propia vergüenza, al escuchar la respuesta magistral de Cristo el Señor: “… ¿Por qué me tentáis? Traedme la moneda para que la vea. Ellos se la trajeron; y les dijo: ¿De quién es esta imagen y la inscripción? Ellos le dijeron: De César. Respondiendo Jesús, les dijo: Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Y se maravillaron de él” (v.15-17).

      Los saduceos, quienes no creían en la resurrección, consultaron al Señor un dilema sobre el matrimonio en los cielos. Ante el inmenso error que cometían, la respuesta no fue otra: “… ¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios?” (Marcos 12:24). Jesús les reprende asumiendo que en el Reino de los cielos, los justos no se darán en casamiento sino que serán como los ángeles (v. 18:27).

       La tercera consulta fue genuina. Uno de los escribas se acercó al debate que tenía Jesús en el templo con los fariseos, saduceos y escribas (v. 28), y le consultó sobre cuál era el primero de todos los mandamientos. Jesús le menciona el amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, y con todas las fuerzas (v. 30). También sostuvo que el segundo más importante es el amar al prójimo como a nosotros mismos. Las Escrituras nos mencionan que la respuesta del escriba fue sabia: “…Bien Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él; y el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios” (v. 32-33). Jesús le responde: “…No estás lejos del reino de Dios…” (v. 34).

        Luego de las respuestas sabias del Maestro, la Escritura nos menciona que: “…ya ninguno osaba preguntarle” (v.34). Podemos ver en el versículo 37 que: “…gran multitud del pueblo le oía de buena gana” (v.37). Por tanto, la hipocresía de los grupos religiosos de la época había quedado al descubierto ante toda la audiencia popular. Podemos ver una constante en estos relatos: la hipocresía de los grupos religiosos. Jesús menciona en el evangelio de Lucas: “…Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía” (Lucas 12:1). La jactancia, altivez, y falsedad de las sectas y pensamientos religiosos no hayan su excepción en este relato: “Antes, hacen sus obras para ser vistos por los hombres…” (Mateo 23:5). Por tanto, no podemos entender el pasaje de la ofrenda de la viuda sin entender primeramente el debate sobre la verdad que tenía el Maestro con los fariseos, saduceos y escribas, denunciando su hipocresía. Debemos entender de igual forma que estos eventos ocurrieron de forma continua, incluso, no es hasta el capítulo 13 que el evangelio menciona que Jesucristo sale del templo, prediciendo su caída. Por tanto, debemos entender el pasaje de la ofrenda de la viuda como parte de una secuencia de enseñanzas y acontecimientos, y no como un hecho aislado o independiente de los otros.


La viuda: víctima de un sistema religioso opresor

        En el título anterior estudiábamos cómo el Maestro respondía a cada una de las consultas. Observamos tres escenarios distintos: fariseos hipócritas con interrogantes malintencionadas, saduceos ignorantes con perdidas ideas, y un entendido escriba quien halló sabiduría delante de Cristo. Sin embargo, la historia no termina acá. A pesar que son parte del contexto literario, los versículos 38, 39 y 40 ejercen una gran ayuda para entender el relato de la viuda pobre. Los tres versículos inmediatamente anteriores al tema de estudio dicen:

“Y les decía en su doctrina: Guardaos de los escribas, que gustan de andar con largas ropas, y aman las salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas; que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones. Estos recibirán mayor condenación”.

(Marcos 12:38-40).

     Jesucristo denuncia públicamente la hipocresía y vanidad de los escribas. Toman apariencia de piedad, pero su “santidad” no alcanza siquiera su sombra. Así los acusa en el evangelio según San Mateo: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad” (Mateo 23:27.28). Aparte de la hipocresía característica de fariseos, saduceos y escribas, Jesucristo nos entrega un tema clave: LOS ESCRIBAS DEVORAN LAS CASAS DE LAS VIUDAS. No sólo los evangelios nos proveen de esta interesante información, también los registros históricos extrabíblicos, y las costumbres judaicas, revelan que los escribas servían a las viudas como asesores legales, ayudándoles en su demanda de amparo político y económico. Sin embargo, por muy noble que resulte la tarea, los escribas no lo hacían de forma gratuita. Sus cobros eran garrafales. Estos, con falsa modestia, se aprovechaban de las personas de bajos recursos. ¡Atención! Si ignoramos este punto tan relevante, terminamos ignorando todo el significado de la ofrenda de la viuda pobre. Las viudas no eran beneficiarias del sistema religioso, eran víctimas de él. Podemos ver que en Deuteronomio las ofrendas y diezmos tenían una concentración especial por los huérfanos, las viudas y los extranjeros: “Y vendrá el levita, que no tiene parte ni heredad contigo, y el extranjero, el huérfano y la viuda que hubiere en tus poblaciones, y comerán y serán saciados…” (Deuteronomio 14:29).




      Jesús no asiente este modelo, sino que lo condena. Está basado en el amor fingido y el servicio interesado. El mayor era alimentado por los menores, a tal punto que estos quedaban sin comer por sustentar a funcionarios aprovechados. Dios siempre ha mostrado su interés por el golpeado, desvalido y oprimido. Esta viuda estaba siendo despojada de todo su sustento, por obedecer a un sistema religioso dictatorial. Jesucristo en ninguna forma considera esta práctica como algo válido, más bien, se muestra contrario, basta leer los 36 versículos de acusación a los fariseos y escribas hipócritas en San Mateo 23.




      Luego de acusar a los escribas, los victimarios y protagonistas de este fraudulento y abusador sistema, los ojos del Maestro se dirigen hacia la pobre víctima. La viuda, sin más que hacer, ofrenda dos blancas, un cuadrante, monedas de muy poco valor en la época. La Escritura nos menciona que esta entregó todo su sustento, es decir, todo lo que tenía. Luego de esta acción sólo podría estar confinada al hambre y a la continuidad de la miseria.


El sentido bíblico del relato

      Jamás el relato enfatiza que la viuda será bendecida por tal acción. Antes Jesús alza a esta mujer como aquella que dio más que todos los demás. En vista de la jactancia de los ricos que echaban grandes sumas de dinero, la viuda dio todo lo que tenía a su alcance, no lo que le sobraba. En proporción, ella dio mayor porcentaje de sus ingresos que todos los demás. Sin embargo, nuestras enseñanzas nos inclinan a pensar que esta actitud es la correcta. Repito que ella era una víctima de un sistema opresor, estaba siendo engañada por quienes decían defenderla. El dar todo nuestro sustento no es una regla general, aplicable a todas las situaciones que se nos presenten. Muchas veces las iglesias de hoy son cómo reales templos herodianos. Desde los altares, como verdaderos escribas, se incita a la hermandad a dar todos los ingresos, independientemente que estos puedan estar considerados para la salud, cuidado o sustento del hogar. Las Escrituras indican que uno debe dar conforme a lo que tiene: “Asimismo ofrecerá una de las tórtolas o uno de los palominos, según pueda” (Levítico 14:30), “porque si primero hay la voluntad dispuesta, será acepta según lo que uno tiene, no según lo que no tiene” (2 Corintios 8:12). Muchos hermanos, estimulados por las sensibilizaciones y mensajes de prosperidad y bendición, han dado el dinero que tenían destinados para el pago de una deuda importante, o para el cuidado de un hijo en el hospital. Finalmente, lo prometido jamás lo recibieron. Esto se puede explicar porque la ofrenda jamás es una vía especial de bendición. La idea que las ofrendas compran el favor de Dios es un concepto basado en la más pulcra ignorancia: “…Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero” (Hechos 8:20). Las bendiciones de Dios jamás provienen de nuestra iniciativa, menos de nuestro dinero. El apóstol Pablo fue enfático: “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, NI POR NECESIDAD, porque Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:7). Todo hermano que entregue una ofrenda pensando que aquel dinero será retribuido de alguna forma lo está dando por necesidad o interés. ¿No se fomenta el interés económico si desde los altares se proclaman bendiciones por medio de la ofrenda pagada? El Señor Jesús sostiene todo lo contrario: “…de gracia recibisteis, dad de gracia” (Mateo 10:8).

      Jesucristo, quien condenó el sistema de la estafa y el engaño religioso, fue el mismo que dijo: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). Jesucristo prometió que Dios conoce nuestras necesidades y las suplirá, si mantenemos siempre nuestra concentración en el Reino de Dios. ¿Por qué entonces deberíamos pagar una ofrenda para que Dios nos bendiga? ¿No resulta contradictorio? Antes que todo, debemos entender que en el Nuevo Testamento la ofrenda es completamente voluntaria, es contraria a una deuda, debe ser desinteresada, es decir, contraria a la inversión.

        Por lo visto, la ignorancia de la Palabra de Dios nos hace sacar conclusiones prematuras, apresuradas, y que muchas veces, terminan apoyando lo que tanto el Señor vehementemente condenó.

No podemos entender el pasaje de la ofrenda de la viuda ignorando el contexto que se iba desenvolviendo hasta el momento. Jesús acusa a los escribas de ser hipócritas, no consecuentes con lo que dicen practicar, aprovechados de la miserable situación de las viudas, para terminar empobreciéndolas aún más, cuando el sentido del templo y las ofrendas no era más que el sustento y la ayuda a estas mismas.

El sentido de las ofrendas era la ayuda al desvalido. En este contexto, Jesucristo presencia todo lo contrario: el templo absorbía gran parte de los ingresos que percibía el pueblo. Muchos terminaban en la miseria por servir a un sistema humano. Contradice por tanto la enseñanza y doctrina maravillosa del Señor: “y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos” (Marcos 10:44).

10 comentarios:

  1. Aunque estoy de acuerdo con todo el documento, especialmente ante el abuso de muchos lideres, pastores, etc, sobre la manipulacion de sus congregaciones. Tambien hay una parte que se considera en la Biblia.
    Para explicarme mejor, usaré el mismo principio usado: La suma de tu Palabra es verdad (salmo 119:160) Se debe consiederar toda la Biblia, y no aisladamente
    Ante eso, creo : No es la cantidad la que trae bendicion, sino la obediencia a la Palabra de dar al Señor, como buenos administradores, Malaquias, dice: probadme, los evangelios, dicen dad y se os dará, etc

    De tal manera que de alguna forma Dios bendice al dador alegre, de diferentes formas, incluyendo la economica, etc

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    1. Sin duda, pero lamentablemente este pasaje se ha ocupado para el abuso más que la aclaración de su real importancia. Dios le bendiga!

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  2. Estoy haciendo un estudio sobre el tema, y quiero entrar un poco más a fondo.

    Entiendo que la ofrenda que daban los ricos y la viuda es la de Éxodo 30, ¿es así? no veo en otra parte de la ley alguna ofrenda de dinero. Si fuera así, entonces las dos blancas que echó la viuda no se acercan siquiera a lo exigido; entonces ¿podría interpretarse "devoran las casas de las viudas" como que eran exigidas a dar la ofrenda hasta que se les acabara el sustento?; en oposición a la teoría de la asesoría legal.

    Gracias.

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    1. Estimado, históricamente se reconoce que los escribas efectuaban asesorías legales a los más desposeídos, las que siempre terminaban a su favor. No obstante, no creo que debamos desechar su proposición que es el sistema completo de la dádiva en el templo lo que empobrecía a estas figuras de desposesión: las viudas y los huérfanos. Si desea que su estudio aborde abundantemente el tema busque en una concordancia bíblica todos los lugares donde aparece la palabra "viuda" y podrá reconocer la enorme importancia que para Dios tenían, su inclusión en la ley y cómo ellas eran beneficiarias de lo legal y no sirvientas. Dios te bendiga y ánimo con tu estudio de las Escrituras.

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  3. Por favor quisiera saber la diferencia entre diezmo y ofrenda, es lo mismo?

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  4. Lo poco que he leido , concuerda con todo lo que he investigado por años que Dios le siga bendiciendo

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  7. Dios continue bendiciendo,muy buena enseñanza,en cortas palabras la viuda daba lo poco que los fariseos le abian dejado,ya que le abian quitado todo.y ellos daban. Mucho .si pero no lo de ellos si no de lo que les sobraba,ósea de su capital nada seria solo de lo que les quitaban alas ciudad,como un cobrador de impuesto,o un prestamista de estos tiempos,

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